Amós demuestra que Dios no acepta ceremonias religiosas separadas de obediencia, justicia y rectitud. La elección de Israel aumentaba su responsabilidad delante del Señor; no funcionaba como permiso para pecar ni como garantía automática de seguridad.
Amós proclama el juicio de Dios contra las naciones y especialmente contra Israel por su idolatría, opresión, corrupción judicial, explotación de los pobres y adoración hipócrita. La prosperidad nacional no podía proteger a un pueblo que había abandonado la justicia y el pacto del Señor.