Ezequiel revela con fuerza la santidad, gloria, soberanía y presencia de Dios. Explica la responsabilidad humana, la gravedad de la idolatría, la necesidad de regeneración y la obra divina de restauración mediante el nuevo corazón, el Espíritu, la resurrección figurada del pueblo y el regreso de la presencia del Señor.
Ezequiel proclama desde el exilio que la gloria del Señor no está limitada a Jerusalén. El profeta anuncia el juicio justo contra Judá y las naciones, explica la salida de la gloria divina del templo y promete que Dios limpiará a su pueblo, le dará un corazón nuevo, pondrá su Espíritu en él, levantará al Pastor davídico y volverá a habitar en medio de los redimidos.