La carta demuestra que la gracia que salva también educa. Las buenas obras no producen justificación, pero son fruto necesario de la regeneración y parte del testimonio de una iglesia sana. También ofrece criterios claros para líderes que deben ser irreprochables en doctrina y conducta.
Tito instruye a un colaborador apostólico para ordenar las iglesias de Creta, establecer ancianos, silenciar a falsos maestros y enseñar una vida coherente con la sana doctrina. La carta une gracia, buenas obras, autoridad pastoral y testimonio público bajo el señorío de Jesucristo.